Todos los sistemas educativos pueden mejorar, sea cual sea su nivel de partida.
Mejorar la calidad del sistema educativo es uno de los principales retos que se proponen la mayoría de las administraciones gubernamentales de todos los países del mundo. Una de las estrategias para lograrlo es mirar, analizar y observar la imagen que reflejan los espejos de aquellos sistemas que en las distintas evaluaciones y estudios educativos alcanzan una posición de prestigio respecto al resto. "El objetivo no debe ser imitar a otros sistemas"
Ahora todo el mundo quiere o está obligado a poner con prisas cursos en Internet. Y, lo que es peor, los pone. Evaluados con benevolencia, el nivel promedio de lo hecho no pasa de ser un complemento a los cursos tradicionales, útil para la distribución rápida y económica de documentos de estudio, información administrativa, interacción por correo electrónico, listas de discusión y algo de "chat". Se requieren progresos en varias direcciones:
a) Construir potentes entornos integrados de creación y gestión de sistemas educativos vía web; b) Concebir la tarea de creación y gestión de tales sistemas educativos a distancia como una labor coral de equipos ampliamente multidisciplinares; c) Investigar cuáles son los "lenguajes" idóneos para implementar estas modalidades educativas. (El lenguaje cinematográfico ha tardado muchos años en formarse).
Por el momento, sólo inversiones públicas cuantiosas no lucrativas podrían soportar los "esfuerzos astronómicos necesarios para inventar nuevos estilos de interactividad propios de los medios informatizados, tal es el dilema central del software educativo" (Soloway). Para las empresas comerciales, el mercado educativo institucional colegio, instituto, universidad, no el familiar, es demasiado pequeño para tamañas inversiones. Lo explica de forma muy nítida el profesor Soloway en un reciente artículo titulado "Nadie gana dinero con el software educativo".